MICRÓFONO ABIERTO

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Foto: Mara Arteaga

 

EL CUERPO Y LA PALABRA / Texto_Intervención

Pensamientos corpóreos,  hackeos poéticos, improntas de derivas en la CDMX y la red y un homenaje

 

Vuelvo al principio de las cosas.

Estoy parada en medio de mi sala antes de partir. Últimamente mi cuerpo está sintiendo una furia que es mía pero que se me revela ancestralmente colectiva. Y me digo Que estalle. Que de ahí se genere vida. Una Furia que sea magma. Bailar la furia, porque la furia también se baila.

Cansada de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje, 
bailo con toda mi pelvis, de fuego candente 
Lo salvaje no tiene palabras.

Que se destraben nuestras caderas,  que se abra nuestro ano, ese culito regañado, y así descubrir desde la sensualidad del movimiento la potencia del cuerpo, su posibilidad de liberación. Bailar la liberación, porque la libertad también se baila. 

Abro los ojos, tomo mis cosas, salgo de mi departamento y parto caminando hacia el Museo del Chopo, que es como mi segunda casa. 

Camino para sentirme: al caminar dejo que mi cuerpo hable sobre sus alegrías, tensiones, deseos, tristezas. Habla sobre sus días. Habla con el espacio y con otros cuerpos. Camino para ir cantando y re-conocer mi voz en el espacio, su alcance. Camino para que mi mente se libere de su encierro y al derivar, se le permita imaginar, perderse, recordar, olvidar. Camino como forma de resistencia: para ser visible y no desaparecer. Camino y reafirmo un paso a la vez, que habito este mundo.   

Yo sólo les pido que tomen mi cuerpo y lo sostengan a contraluz, como a una diapositva de colores

He recorrido un largo trayecto y paso por  el Monumento a la Revolución, donde me detengo por unos instantes. Puedo sentir en el aire que pasa por mi ser, mareas fugaces. Mi cuerpo empieza a respirar de otra manera y se expande. La mirada se disipa, mientras observo hacia Avenida de la República. La resistencia entonces toma otra lugar. A este cuerpo le hace falta divisar horizontes y en ellos, reaprender amabilidad. Bajo la explanada que desahoga hacia Ponciano Arriaga para tomar Puente de Alvarado y  mi cuerpo se convierte en el cuerpo de muchos.

Seguimos andando. Somos las palabras que van a llegar

Siento los brazos, las piernas, los torsos, el tacto, el ritmo de una colectividad: 60 personas que por un breve tiempo se atrevieron a vivir un proceso para andar y bailar juntas.  Sus cuerpos me habitan día a día.  Ellos, que me enseñaron a nombrar lo que somos y a ellos les debo el decir: 

          T U  C U E R P O  E S  N A C I Ó N , L E V Á N T A T E  Y  B A I L A                                                                                   

Comencé sola andando y ahora en mí habita una multitud que avanza.  Bailes de fiestas patronales, marchas, niños en paseo escolar, transbordos en el metro, compras de Mercado, cruces peatonales, pasillos universitarios, traslados a oficinas. Todos hemos llegado ahora aquí estamos,  encuerpándonos con amigos, conocidos y gente por conocer.

          Y sólo tengo esperanza en que andaremos y bailaremos juntos nuevamente para dar alimento a los hombres  Tengo esperanza como una mujer de pie en esta casa, en que ustedes se me unirán, porque somos todos ellos mujeres, hombres y niños. Mañana me muero y aunque mi vida se extienda por años sobre los trigales, por  amaneceres sobre las ventanas o minutos dentro de los pájaros tengo esperanza en cada impulso de mis nervios en los hackeos poéticos, en la resurrección de los cuerpos desaparecidos, en nuestra rebelión pélvica, en este manifiesto.

En un rato esto acabará, nos despediremos.

Por eso vuelvo al principio de las cosas:

Mi padre fue el primero que me tomó de la mano y dijo “Párate” y me alzó en brazos para enseñarme a bailar. Supe entonces que en la vida, bailar es sostenerse.

Yo te nombro, Luis Antonio Arteaga Arteaga, y te pido que bailes conmigo. Honro tu historia, nuestra historia y la de mutlitudes, bailando.

Saco a mi padre a bailar. Bailamos y lloramos, juntos.

Gracias inmensas a Rojo Córdova por esta invitación a Micrófono abierto.

Este texto contiene hackeos a fragmentos de poemas de Tomas Tranströmer,  Billy Collins, Javier Peñalosa, Yaxkin Melchy y  Rocío Cerón. Para ellos, mi más profundo agradecimiento.

 

Fotos: Mara Arteaga

 

English

 

THE BODY AND THE WORD / Text_Intervention

Corporeal thoughts, poetic hacks, imprints of drifts in the CDMX and the network and a tribute

I go back to the beginning of things.

I’m standing in the middle of my room before leaving. Lately my body is feeling a fury that is mine but that is revealed to me ancestrally collective. And I tell myself to blow up. That from there life will be generated. A Fury that is magma. Dance the fury, because the fury is also danced.

Tired of all those who arrive with words, words, but not language,
I dance with my whole pelvis, with red-hot fire
The wild has no words.

Let our hips be uncrossed, our anus opened, that little ass scolded, and thus discover from the sensuality of the movement the power of the body, its possibility of liberation. Dance the liberation, because freedom is also danced.

I open my eyes, I grap my things, I leave my apartment and I walk towards the Museo del Chopo, which is like my second home.

I walk to feel: as I walk, I let my body talk about its joys, tensions, desires, sadness. It talks about your days. It talks to the space and other bodies. I walk to sing and re-know my voice in space, its scope. I walk so that my mind is freed from its confinement and when it drifts, it is allowed to imagine, to lose itself, to remember, to forget. To walk as a form of resistance: to be visible and not to disappear. I walk and reaffirm one step at a time, I inhabit this world.

I only ask you to take my body and hold it against the light, like a colored slide

I have come a long way and I pass through the Monument to the Revolution, where I stop for a moment. I can feel in the air that passes through my being, fleeting tides. My body begins to breathe differently and expands. The look dissipates, while I look towards Avenida de la República. The resistance then takes another place. This body needs to see horizons and in them, relearn kindness. I go down the esplanade that vents Ponciano Arriaga to take Puente de Alvarado and my body becomes the body of many.

We continue walking. We are the words that will arrive

I feel the arms, the legs, the torsos, the touch, the rhythm of a community: 60 people who for a brief time dared to live a process to walk and dance together. Their bodies inhabit me day by day. They, who taught me to name what we are and to them I owe it to say:

       Y O U R  B O D Y  I S  N A T I O N, R I S E U P A N D D A N C E

I started walking alone and now in me lives a crowd that advances. Dances of patronal celebrations, demonstrations, children in scholastic stroll, transferences in the subway, purchases of Market, pedestrian crossings, university corridors, transfers to offices. We have all arrived and we are here, gathering with friends, acquaintances and people to meet.

          And I only hope that we will walk and dance together again to give food to men. I have hope as a woman standing in this house, in which you will join me, because we are all women, men and children. Tomorrow I die and although my life extends for years on the wheat fields, for dawns on the windows or minutes inside the birds I have hope in every impulse of my nerves in the poetic hacks, in the resurrection of the disappeared bodies, in our  pelvic rebellion, in this manifesto.

In a while this will end, we will say goodbye.

That’s why I go back to the beginning of things:

My father was the first to take my hand and say “Stand up” and he lifted me up to teach me how to dance. I knew then that in life, dancing is holding.

I name you, Luis Antonio Arteaga Arteaga, and I ask you to dance with me. I honor your history, our history and that of mutlitudes, dancing.

I get my father to dance. We dance and cry, together.

Big thanks to Rojo Córdova who invited me to Open Microphone

This text contains hacks to fragments of poems by Tomas Tranströmer, Billy Collins, Javier Peñalosa, Yaxkin Melchy and Rocío Cerón. For them, my deepest gratitude.