ABRAZAR AL DICTADOR

Fotografía: Viola Berlanda

Fotografía: Viola Berlanda

Durante esta última emisión del Fmx (Festival de México en el Centro Histórico) se presentó The Old King  de Les Ballets C de la B.  #EnelCentro nos invitó a Tania Solomonoff y a mí a escribir una reseña sobre la obra. Aquí el texto.

 Diario de una no reseña

Miguel Moreira, originario de Mozambique (1973) y coreógrafo residente de Les Ballets C de la B, dirigido por Alain Platel, en The Old King -a través de su único intérprete Romeu Runa- propone al espectador una serie de fenómenos para que ejercite sostenidamente, la toma de decisiones sobre su relación con el poder, el cuerpo y la ética; y además, para poner en cuestionamiento (no sabemos si de forma consciente o no) la valoración de obras escénicas a partir de su capacidad de generar -o no- goce.

Lunes 13 de mayo 13:00 hrs.

Ya han pasado dos días de haber visto la obra. Nos vemos en un café en la Narvarte, empezamos con imágenes sueltas. Hablamos de algunas “molestias” que nos provoca la pieza como el calzón del intérprete, la posible condescendencia de no dejar al performer desnudo (sólo hasta el final), un espacio escénico no del todo manifestado –a pesar de que Moreira había insistido en ello en la conferencia de prensa-.  A su vez, resuenan temas como Ríos Montt, Mozambique, Ecatepec, pero sobretodo,  nuestra resistencia hacia la obra.

¿Por qué The Old King nos generó esta resistencia? ¿de dónde viene?

Nos concentramos en  una escena y empezamos a dialogar.

El cuerpo de un hombre que ha estado desarticulado, invertido por largo tiempo –al parecer en una lucha con él mismo y sus propios pensamientos-  al fin se ensambla y se pone en pie como si pudiera, en ese acto, empezar a articular un lenguaje comprensible a nuestro sistema de significados.  Es en ese preciso momento en que el coreógrafo irrumpe en la escena y explusa a través de un dispersor de agua, un fuerte chorro que embate constantemente al cuerpo del recién levantado, ahí, casi inerte.

 Tania: -Ese cuerpo de Romeu me altera y confunde por su constante lucha por armarse y desarmarse; una lucha provocada por él mismo. Cuerpo que no termina de rendirse al agotamiento y la saturación.  Se desdibuja tanto que pasa de ser hombre a ser animal, mujer, soldado, idiota. Me atrae mucho pero ese desdibujamiento me genera resistencia.

 Mariana: -Entro en conflicto porque genero inmediatamente una empatía por él. De principio, por la desolación que encarna, veo en un hombre que se representa a sí mismo, pero también veo en él a una colectividad. Por momentos lo veo como una víctima. ¿Lo es?  ¿Es éste en realidad un  Old King?

T: The Old king concentra todo su poder en el cuerpo, pero desde el deterioro.

M: Como desde una virtuosidad apocalíptica.

 A medida que hablamos de la escena, surgen de manera espontánea, recuerdos de lo acontecido en la  Ciudad de México, el 1ero de diciembre de 2012 durante la marcha contra la imposición de Enrique Peña Nieto, actual presidente de México. Memoria de una colectividad organizada ejerciendo el libre derecho a manifestación y protesta, y de otra colectividad organizada para contener, acotar y/o desestabilizar a la otra.

 Miércoles 15 de mayo 20:00 hrs.

Mismo café en la Narvarte.

En un instante de lucidez auto reflexiva, el hombre gesticula algunas palabras “…Bad days, it’s just a couple innocent bad days…”. Lo que seguirá será una transformación del espacio, mediante la acción casi mecánica de Romeu que apila al frente-centro del escenario, una serie de palets que habían estado  al fondo; convirtiéndolos en un podium. El personaje se posiciona en la cima y, de golpe, consolida el “arquetipo” de un dictador que intenta hablar, pero que lo único que alcanza a hacer, es gesticular y emitir un lenguaje incomprensible.

T: -Ahora que repasamos este momento de la obra, me impacta como Moreira no hace ninguna división categórica entre el dictador y el abandonado, por así llamarlo. Como si durante toda la obra hubiera ocultado al dictador detrás de la víctima, y de pronto, nos lo revela encarnado y sostenido en y por ella hasta al final ¿Qué se oculta y dónde? Es impresionante cómo aparecen esas imágenes que uno pensaría son contrarias.

M: -Pareciera  que plantea la obra de tal manera que te lleva a disolver constantemente juicios de valor inmediatos y a ejercer una postura que consista en no tomar posturas ¿cierto?; pero el creador también hace una reflexión sobre el lenguaje construido desde lo trunco, lo deforme, lo espantoso; no desde su abordaje sonoro (la voz de Runa), sino desde su organización dudosa o imposible, aquel lenguaje que no libera ni al dictador, ni al colectivo.

 “Me declaro inocente, nunca he tenido la intención, el propósito de destruir a ninguna etnia nacional (…). No soy genocida”.
– “Nunca autoricé, nunca firmé, nunca ordené que se atentara contra una raza, una etnia o una religión. ¡Nunca lo hice!”  (Ríos Montt) (1)

M: -Después de estas últimas escenas, no pude evitar pensar en Ríos Montt, en que el primer día de presentación de la obra, paralelamente se le estaba dando auto de formal prisión por haber dado muerte bajo su mandato a más de 1700 indígenas mayas. No dejé de pensar en esta coyuntura, en este suceso simultáneo.

T: -¡Sí! queda claro que la obra pasa por una reflexión sobre la fragilidad. Una fragilidad constante que convierte al performer en un medium entre lo colectivo y lo personal.  No dudo que varios de los espectadores vimos la cara de Ríos Montt en el rostro de Romeu. Es un poco retorcido ¿no? Pero a la vez potente.

M: -Sí, porque quizás era la cara de Ríos Montt, pero también queríamos consolar a este personaje…

Viernes 19 de mayo. 21:30 hrs.

Casa de Tania.

T: -¿Qué hace el espectador frente a obras como ésta, donde su construcción escapa a cierto placer y goce estético inmediatos? A mí me pone a darle vueltas a una idea: ¿Qué es lo que buscamos, entonces, cuando vamos a ver una obra?

M: Ay… ¿Lo habíamos pensado antes?

Nombrar esto nos coloca en otro lugar con respecto a  la obra, nuestra resistencia, y el compromiso político de Moreira.

T: -Justamente, durante la conferencia de prensa, él mostró mucha inquietud sobre cómo el público mexicano iba a recibir la pieza y se hacía la pregunta de cuál es esa “otra” manera de vivir y de sentir en los países latinoamericanos. También contaba sobre la experiencia en Europa donde se proponía un diálogo entre espectadores y artistas al terminar el espectáculo.

M: -Sería bueno preguntar por qué eso no sucedió aquí en México.  Tú y yo no habríamos podido hacer esta lectura si no hubiéramos traído estas voces y contextos, así, dialogando juntas. Me quedé pensando en que no quiero que escribamos esto como una reseña.

T: -Cierto.

M: -Lo mejor diría yo, es que dejemos esto así, abierto, como lo construimos,  y ver cómo una pieza escénica resuena en nuestro día a día. Porque aún nuestra propia reflexión, no se cierra.

¿Abrazaríamos al dictador?

Mariana y Tania continúan pensando en esto,  Mozambique, Ríos Montt, en qué es lo que quieren ver cuando van a ver danza; en Videla, en la idea de colectivo, en el cuerpo frágil y extermo de Romeu Runa, en los cuerpos mexicanos y  en cómo un sinfin de éstos, fueron devastados en el sexenio anterior.

México, miércoles 22 de mayo de 2013

 (1) Redacción Proceso. Se declara “inocente” el exdictador Ríos Montt; “no soy genocida”, dice. Recuperado en 2013: http://www.proceso.com.mx/?p=341501

Agradecemos la invitación a escribir esta reseña de una no reseña a #EnElCentro,  proyecto de difusión cultural y de vida cotidiana del Centro de la Ciudad de México. Lo pueden encontrar en Facebook, Twitter @enelcentrodf e Instagram enelcentrodf